vineri, 6 iunie 2014

Bajo el cielo de España: Capítulo V (7ª Parte). Sobre la participación rumana en las Brigadas Internacionales

Continuamos con la siguiente entrega del Capítulo V de nuestra traducción del libro del comunista rumano Valter Roman,  miembro de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española. Se puede acceder a las partes anteriores en los siguientes enlaces:


  COLECTIVO VALAKIA ROJA (VKR)

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EN EL ESCORIAL

Unas dos semanas después de terminados los combates de Guadalajara, mientras me encontraba en Madrid para resolver varias cuestiones relacionadas con la reorganización de nuestro batallón –problema sobre el que volveré más tarde-, me encontré con Gustav Regler, comisario político de la XII brigada. Me dijo: 

-He oído que los franquistas han bombardeado El Escorial. Me gustaría acercarme, puesto que tenemos una gran cantidad de heridos internos en el hospital que está junto al Escorial. ¿No le gustaría venir?

Brigadistas de la XI Brigada en un camión.
Puerto de Navacerrada, mayo-junio 1937
-Claro que sí, y me gustaría verlos. ¿Tardaremos mucho en llegar?

-No hay más que unos 40 kilómetros. Los vemos y nos volvemos.

Fijamos una hora de partida y nos pusimos en camino en coche. Al poco de salir de la ciudad, comenzó a verse, recortada en la distancia, la Sierra de Guadarrama con sus picos nevados. De camino, Regler, escritor alemán de izquierdas, emigrado de su país tras la llegada de Hitler al poder, dando rienda suelta a la imaginación, me evocó la figura lúgubre de Felipe II, el rey que ordenó la construcción del famoso Escorial.

-Si nos quedara algo de tiempo, me encantaría visitar el palacio –me dijo-. Figura entre las obras arquitectónicas más renombradas de Europa. El hijo de Carlos V, en cuyo imperio nunca se ponía el sol, empleó sin límites sus fabulosas riquezas para construirse un refugio único. Los más bellos mármoles, las maderas más raras, los mejores escultores y pintores de su tiempo… Nada se escatimó de entre todo aquello que había de servir para crear el marco fastuoso por el que el rey paseaba su atroz tedio. ¡Y más aún!… Semejante tedio debe de haber penetrado hasta en los muros del palacio si es que hemos de dar crédito a Théophile Gautier[1]. Las gentes, al visitarlo –dijo-, entenderán lo que significa de veras tedio y se alegrarán el resto de sus vidas con sólo pensar que no están en El Escorial. Pero nosotros no corremos peligro de que el tedio nos asalte. No nos queda tiempo para cosas así.

En un recodo del camino el palacio apareció a la vista: construcción monumental, impresionante, con su forma cuadrada destinada a recordar el martirio de San Lorenzo, quemado vivo en una parrilla, en cuya memoria se erigió. Nos acercamos. El hospital se encontraba a unos cien metros de los edificios principales. Las bombas habían caído por esa zona, provocando algunas víctimas. El palacio no resultó afectado. Visitamos a nuestros heridos, les dimos cigarrillos, periódicos, alguna que otra gollería de las abandonadas por los italianos en su huida, a las que habíamos dado por nombre “los pequeños detalles de Mussolini”. Más tarde, tras conversar con el guardián, obtuvimos permiso para visitar el palacio. Mientras nos paseábamos por las enormes salas, por las galerías abovedadas, abrumados por el silencio solemne que todo lo dominaba, Regler parecía buscar por los rincones la sombra lóbrega de Felipe II, en tanto que yo me imaginaba a Goya, el pintor de la corte, inmortalizando en el lienzo, lúcido y cáustico, a la familia de Carlos IV en toda su repugnancia moral, tal como se me representó en los cuadros del Prado.

Camino de vuelta a Madrid, intercambiamos impresiones sobre lo que habíamos visto.

-Es sobrecogedor El Escorial, ¿verdad? –me preguntó Regler, viéndome pensativo y callado.

-Debo reconocerte que, con toda su grandeza, la impresión que te deja es siniestra.

-Se diría que estás citando a Giuseppe Verdi, que dijo: El Escorial es “severo y terrible, como el feroz soberano que lo construyó”[2].

Sus palabras nos hicieron pensar en los cuatro siglos de oscurantismo y opresión que de modo tan evidente simbolizaba El Escorial y que ayudaban a entender la furia con que los españoles defendían su república. La sabia de la revuelta de aquella tierra, regada desde tiempo inmemorial con lágrimas y sangre, brotaba ahora con toda su fuerza. Los descendientes de aquellos que habían asistido impotentes a los terribles autos de fe organizados por la Inquisición y los biznietos de los fusilados de los lienzos de Goya habían tomado las armas y luchaban por la libertad y la luz.

Indudablemente, aquel día iba a permanecer en mis recuerdos como un día de evocaciones. Camino de vuelta, después de dejar a Regler en Madrid, al poco de salir de la capital, Ángel, el chófer, me anunció:

-Y ahora regresaremos por la carretera de La Mancha, por la carretera llamada de Don Quijote, camino que ha de hacer cualquier admirador de Cervantes que pise suelo español.

Mientras el coche me llevaba hacia La Mancha, me entregué a las ensoñaciones y cuando Ángel me mostró, en lontananza, recortada contra cielo del crepúsculo, la silueta negra de un molino de viento tuve la impresión de ver al Caballero de la Triste Figura hablando con Dulcinea, tan hermosa a los ojos de su alma.

¡Poder de embrujo del genio! ¡De qué hechizo supo rodear los lugares que amó!; ¡con qué fuerza me sustrajo de mis pensamientos y preocupaciones diarios para sumergirme en aquella atmósfera de inefable poesía!

Amable, solícito como siempre, Ángel había querido agradarme y me dio una gran alegría. En realidad, había observado en él, en sus relaciones con todo el mundo, esta atención, esta amabilidad permanente. Se lo dije. Me respondió:
       
-No puedo olvidarme del viejo proverbio español: “Nada cuesta menos ni se aprecia más que la cortesía, la atención”[3]. En ocasiones la palabra tiene una fuerza milagrosa –añadió Ángel-, puede curar, pero también herir.        

No pude dejar de señalar:

-Sabe que en la zona de Bihor[4], donde nací, se dice lo mismo.

¡Mi admirable Ángel!; ¡admirable pueblo cuyos hijos traducen a la vida los ideales humanistas de sus genios!


LAS RIQUEZAS DE ESPAÑA: OBJETIVO DE LOS FASCISTAS

Tras la batalla de Guadalajara, Franco abandonó durante un tiempo la idea de conquistar la capital. Los fascistas trataron desde ese momento de obtener en otros frentes éxitos militares que aumentaran su prestigio, en entredicho debido a los fracasos sufridos, y que les garantizaran a su vez ventajas económicas.  

Con ese objetivo consiguieron conquistar en el Norte Bilbao, famoso por sus riquezas minerales, y en el Sur Pozoblanco y Almadén, los mayores centros de extracción de mercurio de Europa. De hecho, los imperialistas encontraron el modo de resarcirse por el “apoyo” dado a los rebeldes españoles: acaparar, en especial, las ricas minas del sur y del norte de España.

En un interesante estudio aparecido por aquellos días en la publicación inglesa “The Economist” sobre el papel de los factores económicos en la guerra de España, se mostraba cómo Alemania e Italia habían encontrado el modo de llevar a cabo “una guerra que produjera beneficios”. “En Alemania –escribía el órgano londinense- las importaciones de hierro de España crecieron en 37.210 toneladas en diciembre pasado, en 206.707 en enero, en 91.596 en febrero… Las reservas conocidas de mineral de hierro de España se elevan a 711 millones de toneladas. Las reservas conocidas de mercurio y las que puedan descubrirse en un futuro en Almadén convierten esta zona en la más rica en mercurio del mundo.”

Tarjeta postal recordando a comunistas rumanos caídos en España
Pero no sólo los imperialistas alemanes e italianos estaban interesados en las riquezas de España. El mes de abril, a la vez que daban comienzo las acciones militares en aquellos sectores, se celebraron negociaciones entre trusts ingleses y el trust alemán “I.G. Farbenindustrie” para repartirse los beneficios de las minas de cobre de Río Tinto, que se encontraban en territorio ocupado por los franquistas. Alemania se reservó, tras la conclusión del acuerdo, la parte del león: el 60% de la producción.

Aquel mismo mes, en la revista “Deutsche Volkswirt”, del doctor Schacht, se podía leer que “la ofensiva contra la ciudad de Bilbao es seguida con la mayor atención en Londres y Berlín”. Estaban en juego a partir de aquella fecha las riquezas minerales del País Vasco. Traicionando los intereses del pueblo español, Franco puso a disposición de los imperialistas –que le apoyaron abiertamente o de tapadillo- las riquezas de España.

Las fuerzas honradas, patrióticas, estaban resueltas, no obstante, a echar por tierra los planes franquistas. La ofensiva emprendida por Franco contra la zona minera del sur chocó desde un principio con la tenaz resistencia de los mineros de Linares. La intervención ulterior de los ejércitos republicanos, entre los que luchaba también una brigada internacional, la XIII, provocó el aplastamiento de la ofensiva fascista. Los fascistas, que se encontraban el 1 de abril a 3 km. de Pozoblanco, se vieron obligados a retirarse varias decenas de kilómetros de la ciudad. El importante centro minero y metalúrgico de Peñarroya se encontraba al alcance de los cañones de la artillería republicana.

Pozoblanco y Almadén estaban fuera de peligro. La presión republicana sobre el centro industrial de Peñarroya obligó a los fascistas a reforzar la defensa de la localidad con tropas de otros frentes; la importante vía férrea Sevilla-Salamanca permanecía indefensa.

La contraofensiva victoriosa de Pozoblanco fue una nueva confirmación de la combatividad del ejército republicano, de su capacidad ofensiva. El sector de Pozoblanco fue aún durante un mes el teatro de una guerra de posiciones. Allí estuvieron también, a partir del otoño de ese mismo año, los voluntarios del grupo rumano de artilleros del batallón balcánico.

En el libro de Luigi Longo “Las Brigadas Internacionales en España” se menciona esta presencia de los voluntarios rumanos en el frente del sur. Al hablar de la organización de los dos grupos del 155[5] que el mando general había destinado al frente de Extremadura, dice: “En el marco de aquellas unidades de artillería existió un grupo de artilleros rumanos que llevaba el nombre de “Gheorghiu-Dej”[6]. En aquel frente luchó el batallón rumano, tras su breve participación en la batalla de Brunete (julio de 1937), hasta la fecha de la retirada de los voluntarios internacionales de los frentes de España.

Las acciones militares en que tomó parte el grupo de rumanos, así como las otras unidades que se encontraban en aquel frente, no tuvieron, por lo general, la amplitud de las que se desarrollaron hacia finales del año 1937 o a lo largo del año 1938 en Aragón y Cataluña. Acciones más importantes tuvieron lugar en aquel sector en la segunda mitad del año 1938.

Se podría pensar que, en semejante condiciones, la vida de los combatientes del sur era más cómoda que la de los de otros frentes. Pero las cosas no eran así. La vida continuada en las trincheras, inherente a una guerra de posiciones, era una completa tortura. Durante meses y meses, los hombres tenían frente a sus ojos el mismo paisaje invariable: una tierra de nadie abrasada por el sol, batida por el viento, sin una gota de agua. En decenas de kilómetros a la redonda no se veía ni un asentamiento humano. Tampoco se concedían permisos, por cortos que fueran, porque había pocas tropas en el frente y no existían reservas.

Para los artilleros la situación era, si cabe, más grave. Eran tan pocos que cada unidad debía cubrir decenas de kilómetros de frente. Y el armamento con que estaba pertrechada la artillería, viejo e inadecuado para sus necesidades, añadía nuevas dificultades a los artilleros.

En semejantes condiciones un gran peligro acechaba a los hombres. Si en el fragor de las grandes batallas las carencias pasan casi desapercibidas, el ánimo combativo aumenta y el heroísmo alcanza proporciones colosales, una guerra de posiciones, de desgaste, provoca el peligro de que la moral de los combatientes decaiga. En tales circunstancias, más que nunca, se hace necesario el desarrollo de un trabajo político activo que mantenga la combatividad de los soldados a un nivel alto.

La moral elevada de que dieron muestras nuestros voluntarios es digna de mención. La actividad llevada a cabo por el comisario político Popov, un viejo militante del Partido Comunista de Bulgaria, y muchos comunistas rumanos templados por nuestro partido en los duros años de la ilegalidad, que luchaban en el seno del grupo, se dejó notar intensamente.

La primera acción en que participó el grupo de artilleros rumanos tuvo lugar en las cercanías de la localidad de Hinojosa del Duque. Dicha acción tenía como objetivo ocupar la carretera que conducía a Badajoz. Nuestros artilleros permanecieron bastante tiempo en este sector. La posición quedó consolidada.

A la artillería le correspondió, en especial, la misión de mantener bajo el fuego las posiciones enemigas de los alrededores de las minas y del centro metalúrgico de Peñarroya. Para impedir su explotación, se le encomendó la tarea de enfrentarse en intensos y violentos duelos artilleros con las baterías fascistas. Las tropas republicanas de aquel frente estaban armadas de manera muy deficiente. Los españoles disponían de fusiles y granadas pero tenían muy pocas armas automáticas y apenas unas pocas ametralladoras. En esas condiciones, se solicitaba con mucha frecuencia la intervención de la artillería. La inferioridad cuantitativa de la artillería republicana frente a la fascista quedaba compensada con su movilidad y la valentía de los artilleros. Las baterías no permanecían mucho tiempo en el mismo lugar. Una vez terminada la preparación de un ataque tras el fuego artillero, se desplazaban de inmediato a otra parte para ayudar a la defensa de un sector amenazado.

Como los demás artilleros del ejército republicano, los voluntarios rumanos de este sector destacaron por su capacidad de combate y por la valentía y denuedo con que lucharon. Tan pronto como se ordenaba el cambio de posición, los conductores del grupo (Dumitriu Maxim, Ion Mutulescu, Ion Ionescu, Zoltan Simion y otros) cargaban el armamento y las municiones y se dirigían de inmediato al lugar indicado. Y no era tarea fácil porque los caminos eran accidentados y la aviación enemiga muy activa.

En cada nueva ubicación, el batallón debía recomenzar desde el principio todos los preparativos: emplazar y proteger las piezas, ajustar el tiro, instalar el punto de observación y las líneas telefónicas: los voluntarios Gheorghe Popa, Petre Răduț, Traian Antonescu, Petre Mihăileanu, Ionel Munteanu y los demás no daban abasto de trabajo. Se trataba de operaciones delicadas, que requerían grandes esfuerzos, pero que los voluntarios rumanos realizaban con gran celo, pues sabían que la infantería se sentía más segura, más fuerte, cuando contaba con el apoyo de la artillería.

La prontitud con que la artillería respondía cada vez que se solicitaba su intervención hizo que fraguaran relaciones estrechas entre los españoles y los brigadistas internacionales. La ayuda que, a su vez, daban los españoles a los voluntarios era de un enorme valor. Gracias a esta ayuda salvaron la vida los voluntarios en una circunstancia de grave amenaza.

Informados por un traidor infiltrado en las filas de las tropas republicanas sobre las coordenadas de las unidades gubernamentales, los fascistas desencadenaron un violento bombardeo que golpeó de lleno las posiciones de dichas unidades. El número de víctimas habría sido enorme si, previamente, los combatientes antifascistas, con ayuda de los mineros españoles, no hubieran construido allí unos excelentes refugios.

El otoño del año 1937 pilló a nuestros artilleros en las proximidades de Azuaga. Allí participaron con la XIII brigada internacional en una acción de diversión para atraer a las tropas fascistas del frente de Levante. Los combates se desarrollaron en condiciones duras para los republicanos puesto que sus posiciones se encontraban entre dos frentes: el de Andalucía y el de Extremadura. Gracias a la capacidad de combate de que, no obstante, dieron muestras y a su sangre fría y heroísmo, las tropas republicanas, apoyadas por la artillería, lograron ocupar varias posiciones enemigas y retrasar el avance de los fascistas, que pretendían acercarse a Almadén.

Algo más tarde, los artilleros del batallón balcánico, entre los que se encontraban los artilleros rumanos, fueron enviados a Talavera de la Reina, cerca de Madrid, donde tomaron parte en una nueva acción de diversión destinada a atraer a los fascistas hacia aquel frente.

En Extremadura se encontraban en la segunda mitad del año 1937 también los voluntarios rumanos del batallón “Diacovici” de la brigada 129. Fueron enviados a los alrededores de Almadén, donde la compañía 4 de ametralladoras estaba en permanente situación de combate, con la misión de luchar contra la aviación enemiga. En aquel frente no había baterías antiaéreas lo que les obligaba a plantar cara a los frecuentísimos ataques de la aviación con sus ametralladoras “Maxim”, que tenían un alcance bastante largo. Hostigados de continuo, cansados, comiendo rarísima vez hasta saciarse, los combatientes tuvieron además que soportar un clima extremado.


LOS TRABAJADORES TIENEN EN TODAS PARTES LOS MISMOS ENEMIGOS

En aquellas condiciones, los momentos de relajación, por insignificantes que fueran, se le quedaban a uno hondamente grabados en la memoria.

Las noches, puesto que sólo por las noches, a veces, había algo de tranquilidad, venían los soldados de infantería españoles a intercambiar unas palabras con nuestros brigadistas. El cigarro, la charla alrededor de un fuego sobre los acontecimientos del día… Luego un español ponía el arma a un lado y sacaba una guitarra… Sonaban los primeros acordes y los demás ya estaban bailando una jota, un baile vivo de la montaña, de origen aragonés, según parece. Aunque existían innumerables variantes de dicho baile: la jota montañesa, típica de los Pirineos, la jota valenciana, de la zona del litoral, y otras. Por lo general, los españoles son alegres: un momento de descanso, unos pocos sones de guitarra y brotan las canciones, el baile, las risas.
Los rumanos los querían como a hermanos. Les contaban cosas de nuestro país, de la lucha de nuestro proletariado...

-Pues, hijos míos, cuando me acuerdo de aquellos días de lucha… empezaba a contarles Nicolae Roşu en su español mezclado con palabras rumanas sobre los días inolvidables en que los ferroviarios de Grivița organizaron la gran huelga o sobre otras acciones revolucionarias de las masas trabajadoras de nuestro país. Sí, decían entonces los soldados españoles, también en nuestro país el terrateniente y el patrón y el guardia civil son una plaga. “Naturalmente, porque los trabajadores tienen en todas partes los mismos enemigos”, les respondía el comunista rumano…

***
   
En su intento de ocupar Almadén a cualquier precio, los fascistas desencadenaron en julio de 1938 una poderosa ofensiva. Rompieron el frente republicano, ocuparon Castuera y se quedaron a 25 km. del objetivo que perseguían que, sin embargo, no pudieron alcanzar gracias a la resistencia opuesta por los republicanos.

La batería de que formaba parte el grupo de artilleros rumanos fue sorprendida por el avance fascista en campo abierto. Se trataba de una amplia llanura, rodeada por una hilera de colinas, una especie de hondonada. La única posibilidad de retirada era un paso que se encontraba tras la batería, a unos 7 km. A nuestra izquierda, a una distancia de 2 km., la batería checa, pillada por sorpresa, resultó destruida. La infantería se había retirado. El enemigo avanzaba con tanques, tanquetas, camiones. La situación parecía desesperada. Y sin embargo, los artilleros no perdieron la calma. A toda prisa se tomó la decisión: “Abrir fuego directamente sobre los fascistas para detener su avance y tratar de retirarse. Si no lo conseguimos, venderemos cara nuestra piel.”

Comenzó un fuego violento. El enemigo, sorprendido, vaciló un momento… De repente, debido a los disparos, empezó a arder el prado de alrededor. Rodeados por las llamas, los artilleros continuaron disparando mientras trataban al mismo tiempo de apagar el incendio con mantas y capotes, y preservar así los cañones y la munición.

En aquellas condiciones, consiguieron, no obstante, contener al enemigo hasta la llegada de tropas españolas que, llegadas en ayuda de nuestra batería, le aseguraron la retirada por la hoz de que ya he hablado.

Hacia finales del mes de agosto, el mando republicano emprendió una contraofensiva en Extremadura, frente a Almadén. Los fascistas fueron rechazados hacia el oeste.

En aquella contraofensiva, el apoyo prestado por la artillería fue muy apreciado: la unidad de la que formaban parte los artilleros rumanos fue mencionada en el orden del día. El alcance del esfuerzo realizado por los artilleros se puede entender mejor si pensamos que su armamento se componía de cañones con un peso de 7 toneladas, sin retroceso, cuyo manejo y servicio exigía una actividad extenuante. Con semejantes cañones, que ya en la I Guerra Mundial estaban anticuados, nuestros artilleros lograron efectuar dos disparos por minuto y, gracias a su disciplina y entrega, cumplieron con la misión que se les había encomendado.

Ésta fue la última acción en que participaron los artilleros rumanos en el frente de Extremadura. Desde allí partieron, a lo largo del mes de septiembre, cuando se produjo la retirada de los voluntarios internacionales de los frentes de España, a Valencia. De la actividad que desarrollaron en el tiempo que aún permanecieron en España hablaremos en otro capítulo.

Entre los voluntarios rumanos que integraron aquel grupo, casi la mitad perecieron en alguno de los distintos frentes de la lucha contra el fascismo, puesto que la guerra de España no constituyó más que el comienzo de la lucha con las armas en la mano contra aquel enemigo feroz de la humanidad. Los que lograron salir con vida de aquella primera batalla contra el enemigo se volvieron a enfrentar a él, más tarde, en los territorios invadidos de Francia, la Unión Soviética o de otros países.


[1] “Je ne puis m’empêcher de trouver l’Escurial le plus ennuyeux et le plus maussade monument que puissent rêver, pour la mortification de leurs semblables, un moine morose et un tyran soupçonneux. Je sais bien que l’Escurial avait une destination austère et religieuse, mais la gravité n’est pas la sécheresse, la mélancolie n’est pas le marasme, le recueillement n’est pas l’ennui, et la beauté des formes peut toujours se marier heureusement à l’élévation de l’idée.” Voyage en Espagne, Gautier, T. Charpentier, Libraire-Éditeur, 1845, pág. 140. [N. de los t.]
[2] Carta de 22 de marzo de 1863 de Giuseppe Verdi al conde Opprandino Arrivabene. [N de los t.]
[3] En rumano en el original [N. de los t.]
[4] En el Noroeste de Rumanía. [N. de los t.]
[5] Se trata de la 155 Brigada Mixta del Ejército Republicano [N. de los t.]
[6] Retraducción a partir del rumano. [N. de los t.]

miercuri, 9 aprilie 2014

Bajo el cielo de España: Capítulo V (6ª Parte), Sobre la participación rumana en las Brigadas Internacionales

Continuamos con la siguiente entrega del Capítulo V de nuestra traducción del libro del comunista rumano,  miembro de las Brigadas Internacionales en la Guerra Civil Española, en el que se cuentan los momentos finales de la Batalla de Guadalajara, en 1937

Se puede acceder a las partes anteriores en los siguientes enlaces:


  
COLECTIVO VALAKIA ROJA (VKR)


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Como consecuencia de la victoria obtenida sobre las tropas fascistas, el mando republicano decidió iniciar una contraofensiva general contra las cuatro divisiones italianas que había en la meseta de la Alcarria, donde se estaba desarrollando aquella batalla histórica. En honor del aniversario de la Comuna de París, de cuya proclamación se cumplían 66 años, el día de la contraofensiva republicana quedó fijado para el 18 de marzo.
La tarea encomendada al batallón rumano de artillería en aquella contraofensiva era múltiple. Debía apoyar directamente tanto a las unidades de Líster, que iban a avanzar a lo largo de la carretera principal, como a los batallones de la XI brigada internacional que, a su vez, debían apoyar desde el flanco, por medio de un vigoroso ataque, el avance de las tropas españolas para, inmediatamente después, avanzar ellos mismos en paralelo a la carretera. Tras un poderoso bombardeo de la aviación (80 aviones) y el fuego intenso que abrió toda la artillería, las tropas republicanas, acompañadas de un número considerable de tanques, desencadenaron un ataque impetuoso contra las líneas fascistas, que consiguieron romper. Empezó un avance tempestuoso en persecución de los fascistas, que se retiraban en desorden.

Soldados republicanos celebrando la victoria contra los fascistas
en Guadalajara

En un punto, sin embargo, los fascistas italianos resistieron enconadamente: en Casa del Cobo. La localidad fue atacada con energía por el batallón “Comuna de París”, pero sin resultado. El grupo rumano recibió la orden de concentrar todo su poder de fuego sobre este villorrio en apoyo del batallón francés. A extraordinaria velocidad, las baterías del batallón rumano de artillería se concentraron en la carretera, a medio camino más o menos entre Torija y Brihuega, por detrás del batallón español “Apoyo”, del francés “Comuna de París” y del “Edgar André”. El bombardeo se dirigía desde el campanario de la iglesia del pueblo de Trijueque, desde donde se veían perfectamente las posiciones fascistas en Casa del Cobo.

Me encaminé del estado mayor de la brigada al punto de observación del batallón y allí me encontré con un oficial que dirigía el fuego de otra unidad internacional de artillería. Era el capitán yugoslavo Koča Popovic[1]. Establecimos de inmediato un plan de colaboración, por si fuera necesario.

Entre tanto, los fascistas, que se dieron cuenta del lugar en que se encontraba el punto de observación y mando de la artillería republicana, concentraron su fuego sobre el campanario de Trijueque. No obstante, los oficiales del batallón rumano, a pesar del tiro intenso del enemigo, no se movieron de sus puestos, dirigiendo sin interrupción el fuego del grupo sobre la localidad de Casa del Cobo.

En el transcurso de las operaciones, en más de una ocasión coordinamos los fuegos de ambas unidades de artillería, en perfecta y fructífera colaboración con el capitán Koča Popovic.

Las tropas republicanas atacaron con energía. El pánico se apoderó del frente fascista. Al sentirse aislados en Casa del Cobo e incapaces de resistir el fuego terrible de la artillería republicana, los fascistas comenzaron a abandonar la localidad. El batallón “Comuna de París” pasó al ataque a la bayoneta, cortando la retirada a los fascistas italianos y haciéndolos prisioneros.

También en esta acción destacó la contribución del batallón rumano de artillería. En un número de la revista Reconquista, órgano de la 35ª división internacional, dedicado a las Brigadas Internacionales, se podía leer en relación con dicha contribución que “nuestro grupo –se trataba del grupo rumano-[2] hizo posible que el batallón “Comuna de París” tomara Casa del Cobo”[3].

Con esta acción terminó para los voluntarios rumanos, franceses y de otras 12 nacionalidades que luchaban en el seno del grupo rumano de artillería, su participación en la histórica batalla de Guadalajara. 

Como recompensa por la bravura y abnegación de que dio muestras en combate, al batallón rumano de artillería se le entregó, por orden del día firmada por el comandante del frente, una parte de los cañones italianos capturados (de 65 mm.), así como gran número de proyectiles. Al mismo tiempo, nuestros artilleros recibieron también algunas tanquetas italianas, lo que hizo que creciera considerablemente el grado de mecanización del grupo.

En el artículo “Sobre la historia del regimiento rumano de artillería”, aparecido en la revista “La Reconquista”, que ya he citado más arriba, la participación de los artilleros rumanos en la batalla de Guadalajara se reproduce en los siguientes términos:

“(…) Al poco de ésta –es decir, tras la batalla del Jarama-[4], cuatro divisiones italianas, equipadas y motorizadas siguiendo los requerimientos técnicos más modernos y con catorce años de preparación militar, se lanzaron sobre Guadalajara. El 11 de marzo conquistaron Trijueque, en la carretera nacional de Aragón. Doscientos cañones fascistas para hacer frente a nuestras cinco baterías compuestas por piezas anticuadas y desgastadas. A pesar de ello, batieron Trijueque y la carretera nacional de Aragón de tal modo que los italianos ni pudieron levantar fortificaciones ni recibir refuerzos. El día 13, la bandera republicana ondeaba de nuevo sobre la localidad. Bajo un fuego intenso de artillería, con lluvia y viento, los oficiales del grupo, apoyados por unos cuantos tanques, recuperaron los pertrechos abandonados por los invasores en su huida desordenada, entre los cuales había ocho tractores tipo Fiat 1936. El comandante de la división, con la aprobación del general Rojo, por entonces coronel, repartió este material entre los artilleros del sector, de resultas de lo cual nuestro batallón recibió dos cañones. Los fascistas continuaron huyendo hasta el 20 de marzo. El 18 iniciamos la contraofensiva de Brihuega (…)

Entraron en acción 60 de nuestros tanques, 80 aviones de la “Gloriosa”[5] bombardearon durante 20 minutos las líneas enemigas. Nuestra artillería batía con precisión los puntos de resistencia de los fascistas. El día 19 todas nuestras tropas avanzaban empujando la totalidad del frente a lo largo de la carretera nacional de Aragón. Nuestro grupo hizo posible que el batallón “Comuna de París” tomara Casa del Cobo, último reducto fascista, garantizando de este modo la segunda gran victoria del Ejército Popular.”[6] 

En lucha en los frentes de España, el pensamiento de los voluntarios rumanos se volvía hacia la patria, a la lucha que se desarrollaba tanto allí como en el resto del mundo contra las fuerzas de la reacción. En el manifiesto enviado a Rumanía desde el frente de Guadalajara, fechado el 15 de marzo de 1937, los voluntarios del grupo rumano de artillería escribían:

“Nuestra voz se levanta desde España, donde el pueblo lucha con energía y valor contra los generales traidores, contra Hitler y Mussolini que invaden España con el afán de incendiar el mundo entero.

Nosotros, los trabajadores e intelectuales rumanos, demócratas, socialistas, comunistas y sin partido, estamos unidos bajo una sola bandera: bajo la bandera de la justicia y la democracia. Nuestra lucha aquí, en España, no es otra que la lucha del pueblo español por la libertad y la paz.

Estamos orgullosos de levantar junto al pueblo español la bandera de nuestros antepasados Avram Iancu, Horia, Cloșca, Crișan, Tudor Vladimirescu[7] y de todos aquellos que cayeron en el combate contra la opresión social y nacional y por el libre desarrollo de todos los pueblos del mundo (…)

Nuestra lucha aquí, en la avanzada de la democracia mundial, debe completarse con vuestra lucha de todos los días. La consigna de los mineros asturianos ¡Unios, hermanos proletarios! debe ser una brújula también para la clase trabajadora rumana (…)

La victoria del pueblo español será también nuestra vctoria.

A todos aquellos que pretenden destruir los más elementales derechos de los hombres, nosotros, los rumanos, les gritamos desde las trincheras de la libertad: ¡No pasarán![8]”

NICOLAE TITULESCU FELICITA A LOS VOLUNTARIOS RUMANOS DE LAS BRIGADAS INTERNACIONALES

Un momento interesante y emocionante en la vida de nuestra unidad de artillería se produjo cuando recibimos, en el frente, un telegrama de Nicolae Titulescu en respuesta al que le habíamos enviado los voluntarios rumanos.

Así fue como sucedieron las cosas.
Nicolae Titulescu

Nosotros conocíamos la actividad de Titulescu como diplomático al igual que la posición de nuestro partido respecto a esa actividad.

El Partido Comunista Rumano, que apreciaba la lucidez y el realismo de su pensamiento reflejados en muchas de las acciones diplomáticas que había emprendido, manifestó, en especial en los últimos años de actividad de Titulescu, su conformidad con la orientación que éste se había esforzado en dar a la política exterior de Rumanía, imponiendo con frecuencia su punto de vista frente al resto de miembros de los gabinetes de que formó parte. La prensa legal e ilegal del Partido Comunista Rumano apoyó la posición activa de Titulescu en favor de unas relaciones internacionales basadas en los principios de soberanía e igualdad de los Estados, de seguridad colectiva frente a la política de agresión de los países fascistas que amenazaba la independencia nacional y la integridad territorial de muchos países de Europa, entre ellos Rumanía, en favor de la creación de un clima de buena vecindad en la zona geográfica en que está enclavada Rumanía, a favor del establecimiento de relaciones diplomáticas y de la conclusión de un tratado de asistencia mutua con la URSS. La salida de Titulescu del gobierno fue condenada como un acto contrario a los intereses de nuestro país y a la causa de la paz.

Su separación del cargo de ministro de Exteriores, que había ocupado durante mucho tiempo, no le impidió a Nicolae Titulescu continuar su obra de propagandista de las ideas por las que había luchado como diplomático. Se puede incluso decir que ante el curso que habían tomado los acontecimientos internacionales se aferró aún más a sus propias convicciones y que –a pesar de la amargura que sentía por la situación en que le habían puesto, a pesar de su mal estado de salud y, especialmente, de los distintos intentos de la reacción interna e internacional por comprometerle y destruirle moral e incluso físicamente- continuó manifestándose de manera activa y expresando con mayor energía si cabe sus concepciones sobre el modo de organizar las relaciones internacionales al objeto de salvaguardar la paz.

La guerra de España estaba por entonces en pleno apogeo. Al poco de la rebelión de julio de 1936, por iniciativa de Francia e Inglaterra, se había acordado un convenio internacional sobre la no intervención en la guerra de España cuyo pretexto fue la necesidad de que el conflicto quedara localizado. Rumanía se había adherido al convenio, pero Titulescu había formulado la reserva de que dicha adhesión “constituye un caso particular que no puede crear un precedente y que no implica para el gobierno rumano la obligación de reconocer el principio de que un gobierno legal no pueda obtener, a petición propia, una ayuda de otro gobierno en contra de una rebelión.”

Pero la posición de Titulescu, para quien la víctima de una agresión está legitimada a pedir y obtener ayuda de otros gobiernos, se perfiló de manera más marcada una vez se hubo convencido de la bancarrota de la política de “no intervención”, pisoteada no sólo por los países fascistas sino también por Francia e Inglaterra, sus promotores. En el frente, nos había llegado la noticia según la cual Nicolae Titulescu, entonces ministro de Exteriores, estaba tratando de facilitar que una partida de armamento, inicialmente destinada a Rumanía, se pusiera a disposición del gobierno del Frente Popular.

Es interesante, desde este punto de vista, la siguiente información obtenida de un documento que se encuentra en los archivos del Ministerio del Interior, documento en que se muestran las causas de la separación de Titulescu de la dirección del Ministerio de Exteriores[9]:    

“Antes del 10 de septiembre de 1936 se esperaba la llegada a Rumanía de 100 cañones y 3 escuadrillas de aviones que el gobierno rumano había encargado a diversas fábricas francesas. A principios del mes de septiembre de 1936, visitó aquellas fábricas el Sr. Caranfil, subsecretario de estado, que constató con sorpresa que los cañones y aviones encargados por Rumanía estaban preparados desde hacía tiempo, pero que el Sr. Titulescu, que había estado en persona en dichas fábricas, había dicho que Rumanía no necesitaba aquel armamento y aquellos aviones y que se podían enviar a España, que también había solicitado un material semejante. Aquellos cañones y aviones, como se desprende de los informes elaborados por las agencias de espionaje de Alemania e Inglaterra, habrían sido desembarcados una parte en Barcelona y el resto en Bilbao, y llevados al frente comunista de España. Este hecho, que se añade a los detallados en los puntos nº 1, 2 y 3 de más arriba –que se refieren a la posición de Titulescu en la cuestión de la agresión italiana contra Etiopía y a la Conferencia de Montreux-[10] fue puesto en conocimiento de Su Majestad el Rey Carol II y motivó la destitución del Sr. Nicolae Titulescu del Ministerio de Relaciones Exteriores, sin que se consultara a los otros miembros del gobierno.” 

No olvidemos que todo esto sucedió, por las mismas fechas en que, en París, Álvarez del Vayo trató infructuosamente de obtener la anuencia del gobierno Blum para adquirir y enviar a España las armas de que tanta necesidad tenía la República.

Nos habíamos enterado, igualmente, de que Titulescu, después de su separación del gobierno, había manifestado de diversas formas sus simpatías hacia el gobierno legal español, víctima de una intervención extranjera. De gran significación, aunque de un alcance mucho más amplio, nos pareció entonces el discurso que pronunció en abril de 1937 con ocasión de la inauguración del Congreso de la Sociedad Médica de los Países Ribereños del Mar Mediterráneo[11], que presidía.

Al exponer su punto de vista sobre el modo en que se deberían entender los principios que constituían la base del Pacto de la Sociedad de Naciones así como las modificaciones que se requerían para transformarlo en un instrumento eficaz para el mantenimiento de la paz, tenía in mente, con certeza, la situación concreta de España. “Son los hombre y no el pacto –decía- quienes han fracasado… La experiencia nos ha enseñado que las sanciones económicas que no se acompañan de sanciones militares son ineficaces… Si, por lo tanto, desde el punto de vista de la seguridad, en caso de agresión, las potencias legítimamente interesadas de la región concreta se comprometieran a prestar asistencia a la víctima, una concepción más modesta vendría a sustituir a la concepción grandiosa del pacto actual, pero nos encontraríamos sobre un terreno más sólido.
Sanciones económicas universales, sanciones militares regionales y la aplicación simultánea de ambos tipos de sanciones: éstos son los tres factores que transformarían en poco tiempo Ginebra en una realidad política efectiva.”

El eco de estas consideraciones y, en especial, de la posición sobre la ayuda prestada a la víctima de la agresión, fruto de una concepción profundamente humanista, íbamos a volver a encontrarlas en otras circunstancias, de las que me voy a referir a una.

Sabiendo que se encontraba en el sur de Francia, enfermo y decepcionado por la actitud claudicante de un gobierno cobarde, pensamos en ese momento en enviarle una señal de nuestro aprecio. Fue tras la batalla de Guadalajara, a finales de marzo de 1937, batalla en que el ejército republicano había conseguido una brillante victoria sobre las fuerzas militares del fascismo italiano, netamente superiores en número y armamento. La primera unidad rumana constituida por aquellas fechas, el batallón rumano de artillería, encuadrado en la primera brigada internacional (la XI) y que, poco después, iba a transformarse en un regimiento motorizado de artillería, había cumplido con honor las misiones de combate que se le habían encomendado en las acciones militares desarrolladas en el frente de Guadalajara y, en general, en los combates previos por la defensa de Madrid. Era, por lo tanto, una buena ocasión para enviarle un saludo y expresarle nuestra simpatía y admiración. A esa conclusión había llegado unánimemente el grupo de voluntarios del batallón rumano de artillería. El telegrama remitido a finales del mes de marzo rezaba así:

“A su Excelencia el Señor Nicolae Titulescu, antiguo presidente de la Sociedad de Naciones, antiguo ministro de Relaciones Exteriores de Rumanía.

Excelencia,

El grupo rumano de artillería del ejército republicano español, que lucha en suelo extranjero por la causa de la justicia social, de la libertad y la paz mundiales, le envía a Usted, al gran hombre de Estado, su saludo y la expresión de su sincero reconocimiento.

En el espíritu de la paz indivisible y de la seguridad colectiva que Usted representa con tanta firmeza y autoridad, hemos venido nosotros, hijos auténticos del pueblo rumano, a la España del Frente Popular, a defender con las armas en la mano el bien de nuestra patria y el futuro de nuestro pueblo.

La resistencia férrea del joven ejército popular español en el frente del Jarama y el contraataque victorioso de Guadalajara, en que tuvimos el honor de participar también nosotros, han sido dos victorias en pos de la seguridad de nuestro país y de la independencia nacional rumana.

Los esfuerzos de Usted y la sangre rumana derramada en tierra española por el mantenimiento de la paz mundial deben convertirse en garantía de victoria para el pueblo rumano en su lucha por la libertad y la paz.

Comandante Valter Roman”.

Poco después de esto, a mediados de abril, recibimos como respuesta el siguiente telegrama, en el que se aprecian las resonancias de unos acentos presentes ya en el discurso citado más arriba:

“Al Señor Valter Roman, comandante de artillería de la XI brigada internacional. 

Mis sinceros agradecimientos por su atención llena afecto. Cuando no se respetan los Pactos y los hombres de Estado fracasan, me produce enorme placer poder felicitar a soldados rumanos que, imbuidos del espíritu de equidad y justicia, hacen renacer, lejos de la patria, las virtudes de nuestros ancestros.

N. Titulescu”.
***

Deseo relatar, a continuación, aunque no tenga relación directa con la guerra de España, un episodio referido igualmente a Titulescu. La relación sería tan sólo la posición de Titulescu sobre la España republicana.

En marzo de 1941, Titulescu dejó de vivir, aislado y decepcionado, lejos de la patria, en una Francia invadida por los nazis. No obstante, todos los esfuerzos de los círculos reaccionarios por destruirlo como hombre político no consiguieron reducirlo al anonimato, y el tiempo, el más imparcial juez de las notabilidades, no lo ha envuelto en el manto del olvido. A los tres años de la muerte de Titulescu, oí por boca de un hombre cuya actividad confería a sus palabras un peso extraordinario, un brillante elogio del desaparecido: Maxim Litvinov, pues de él se trataba, que era por aquel tiempo vicecomisario del pueblo para Asuntos Exteriores de la URSS. La conversación en el curso de la cual expresó sus opiniones sobre el antiguo diplomático rumano, y que voy a contar a continuación, tuvo lugar a principios del mes de agosto de 1944. Era una charla no protocolaria en que se abordaron diferentes aspectos de la ofensiva soviética en pleno desarrollo en esos momentos, la futura configuración de Europa, las perspectivas de desarrollo de los acontecimientos en distintos países, el problema de Transilvania. En un momento dado Litvinov se interesó por la situación en Rumanía. Así salió el tema de Titulescu.

“Fue un gran diplomático –comenzó diciendo Litivinov- uno de los más ilustres del periodo de entreguerras.” 

Ya fuera porque el ministro soviético viera en mi rostro un cierto asombro ante opinión tan categórica y elogiosa, ya porque le rondara otra idea la cabeza, lo cierto es que a día de hoy sigo sin saberlo. El hecho es que empezó a explicar metódica y minuciosamente en qué se basaba su parecer.

En esencia estimaba que: 

- Titulescu, diplomático dotado de una gran perspicacia política, tenía muy claros los medios y vías con que podía asegurarse la seguridad colectiva europea, la integridad y la soberanía de los Estados pequeños. 
 
- Había sido de los pocos diplomáticos que se había dado cuenta, en las condiciones que existían cuando Hitler llegó al poder en Alemania, que sólo por medio de medidas colectivas de todos los Estados europeos, basadas en un entendimiento entre la Unión Soviética, Francia e Inglaterra, se habría podido cortar el paso a la guerra.

- Titulescu no sólo fue un publicista sino también un hombre de acción que luchó con pasión en defensa de sus ideas.

“En lo que a mí respecta –decía Litvinov- no puedo olvidar el hecho de que en toda una serie de cuestiones ante las que los representantes de los países occidentales no se mostraron receptivos, encontré en la persona de Titulescu un activo sostenedor. Así sucedió en la Sociedad de Naciones, así sucedió con ocasión de las discusiones que tuvieron lugar sobre el problema de la definición de agresor, así fue en Montreux, con el problema del estatuto de los estrechos. Conozco también la posición justa que mantuvo Titulescu ante la cuestión de la “no intervención” en la guerra de España.

En lo que hace a las relaciones entre Rumanía y la URSS, Titulescu entendió la necesidad de mantener unas relaciones normales no sólo desde el punto de vista diplomático, que es el único que podía conducir a la solución de todas las cuestiones litigiosas en provecho de los intereses nacionales de ambos países. Abogó con toda seriedad –estoy convencido de ello- por un pacto de asistencia mutua entre nuestros dos países.” 

Litvinov añadió más tarde: “Estamos trabajando en un diccionario diplomático en la URSS y puedo asegurarle que la valoración sobre Titulescu será positiva.”

Recordé estas palabras al leer, tras la publicación del diccionario diplomático soviético, el artículo consagrado a nuestro diplomático, escrito en el sentido de las opiniones que había oído.



[1] Koča Popovic fue durante años Ministro de Asuntos Exteriores de Yugoslavia tras la victoria de la revolución socialista en aquel país. [N. del A.]
[2] La explicación entre guiones es del autor, no del artículo que cita. [N. de los t.]
[3] Retraducción a partir del rumano. [N. de los t.]
[4] La explicación entre guiones es del autor, no del artículo que cita. [N. de los t.]
[5] Aviación republicana. [N del A.]
[6] Retraducción a partir del rumano. [N. de los t.]
[7] Horia, Cloșca y Crișan son los sobrenombres de tres campesinos valacos que dirigieron la gran rebelión campesina de 1784 contra la nobleza húngara de Transilvania. Tudor Vladimirescu (1780-1821) fue el héroe de la revolución valaca de 1821, enfrentada al poder fanariota otomano y a los boyardos rumanos locales. Avram Iancu (1824-1872) fue uno de los revolucionarios más destacados del 48 rumano. [N. de los t.]
[8] En rumano en el original: “Pe aicea nu se trece”. [N. de los t.]
[9] Archivo del Ministerio del Interior, Boletines Informativos, octubre de 1936, vol. III, nota nº 2988 de 9 de octubre de 1936. [N. del A.]
[10] La explicación entre guiones es del autor, no del informe que cita. [N. de los t.]
[11] No hemos encontrado la denominación exacta de dicho Congreso, con lo que nuestra traducción podría diferir de la que en realidad se le dio en español en su momento. [N. de los t.]

Stalin, de Eugenio Gómez (reedición digital)

Nota para esta edición digital:

Poco o nada dirá a la inmensa mayoría de los comunistas de hoy, de este año 2014 que empieza, el nombre de Eugenio Gómez. Y sin embargo, su opúsculo Stalin, fechado en Montevideo el año 19571, que ahora os ofrecemos en versión digital, cuenta con todos los títulos para considerarse un documento histórico.

Histórico, antes de nada, por ser la primera crítica surgida de las filas del Movimiento Comunista Internacional al infausto XX Congreso del Partido Comunistas de la Unión Soviética (PCUS) y al revisionismo moderno encarnado, en aquel entonces, por Kruschev.

Sin temor a equivocarse se puede afirmar que con este Stalin se inauguró la batalla ideológica, aún inconclusa, contra el arsenal teórico antimarxista que puso en circulación el PCUS en 1956 y que todavía hoy sigue siendo refugio de las más variadas formas de revisionismo.

No sin indignación por el silencio aquiescente de todos los Partidos Comunistas del mundo ante el linchamiento de Stalin en el XX Congreso del PCUS –como podrá comprobar el lector que se adentre en las páginas que siguen-, Eugenio Gómez levanta su voz en defensa de Stalin y su obra, rebate y desmonta una a una las acusaciones de Kruschev, y deslinda nítidamente el camino que en el año 56 abrió Kruschev hacia el capitalismo en la URSS del camino hacia el comunismo que contribuyó a desbrozar, entre toda suerte de dificultades, el camarada Stalin.

E histórico también porque Eugenio Gómez no se limita a criticar el malhadado informe de Kruschev. Haciendo gala de una firmeza y rigor intelectuales que deberían ser ejemplo y modelo para todos los comunistas, este notable camarada uruguayo da inicio en estas páginas a uno de los debates fundamentales de cuyas conclusiones, correctas o incorrectas, depende, tras el fin del ciclo que comenzó en 1917, el ser o no ser de un nuevo ciclo de revoluciones socialistas: ¿cómo pudo acceder al poder político en la URSS una dirección que, con el tiempo, terminó restaurando el capitalismo y, sobre todo, al calor de qué intereses socio-económicos, de qué realidades sociales nacidas de la propia construcción del socialismo, creció y se hizo dominante la clase social a la que representaba esa dirección política que acabó liquidándolo? Algo que, como denuncia el propio Gómez, sucedió ante el cadáver aún caliente de Stalin y sucedería luego también con otras gloriosas experiencias socialistas, como la de la República Popular China, tomada sin solución de continuidad, inmediatamente después de la muerte de Mao, por los revisionistas-oportunistas.

Muchos de los argumentos usados por Eugenio Gómez en 1957 son los que, ya en el siglo XXI, han utilizado historiadores como Grover Furr para romper el paradigma del “Stalin malvado”, creado durante la Guerra Fría, y describir al verdadero Stalin, dialogante, abierto al Partido y a los trabajadores, y constantemente en lucha por defender los logros del socialismo: lo que Furr llama el “Stalin democrático”.

Un Stalin que hubo de enfrentarse a enormes dificultades para que, como Anteo, los bolcheviques siguieran luchando con los pies sobre la tierra, de la mano de las masas, tratando de evitar que las manzanas podridas acabaron destruyendo el Partido y lo convirtieran en una instancia separada y por encima de los trabajadores.

Ni que decir tiene que el “Stalin democrático” que describe Grover Furr no es un defensor de la oligarquía mafiosa de partidos que es la democracia pluripartidista burguesa, sino, al contrario, como también expone Gómez en su biografía del líder soviético, un convencido de la necesidad de que sean los mismos trabajadores los que gobiernen su propio destino, enfrentándose a los que después, tras su muerte, se convirtieron en una élite inaccesible y transformaron el Partido en un aparato burocrático de control del Estado socialista hasta lograr su plena transformación en Estado capitalista.

El calado de la cuestión que plantea Eugenio Gómez es lo suficientemente profundo y trascendental para que el trabajo que nos ha llevado la elaboración de la edición digital de su opúsculo Stalin merezca con creces la pena.

En cuanto a esta edición digital, nos hemos limitado a corregir errores y erratas, unificar criterios para la transcripción de la onomástica rusa, modificar la puntuación cuando era errónea e introducir mínimos cambios del léxico cuando servía para aclarar el sentido del texto. Los nombres que aparecen entre corchetes están introducidos por los editores.

Editores:  Valakia Roja
Bucarest, enero de 2014
El texto se puede leer y descargar online en este link, Stalin, y directamente en esta entrada, a continuación: